Programas de fortificación de alimentos

En la actualidad Guatemala cuenta con tres programas de fortificación obligatoria de alimentos, como respuesta a problemas de deficiencia de micronutrientes.

Fortificación de sal con yodo y yodo y flúor

La fortificación de sal con yodo fue el primer programa de fortificación de alimentos establecido en Guatemala. La ley fue emitida en el año de 1954 que hacia obligatoria la yodación de la sal para consumo humano y animal y el programa se inició en 1959. Guatemala, junto con Costa Rica se encuentra entre los primeros países en desarrollo en introducir esta práctica, que fue primero hecha en Francia y los Estados Unidos desde principios del siglo XX. Guatemala mostró al mundo en 1967, que la sal cruda marina podía fortificarse con yodato de potasio, y que con ello se prevenía y controlaba los desórdenes por deficiencia de yodo. Lamentablemente, el programa se descuidó y a pesar que no existen estudios reciente podemos inferir que  33 años después, los desórdenes por deficiencia de yodo pueden seguir siendo un problema de salud pública en Guatemala, pero no hay suficiente información epidemiológica para poder evaluar el estado nutricional actual.

Históricamente en 1952, la prevalencia de bocio alcanzaba el 38% en la población guatemalteca, tres estudios posteriores realizados en población escolar, en 1962, 1964 y 1967, revelaron una prevalencia de bocio de 14%, 8% y 5%, respectivamente, lo que indicaba una tendencia a la disminución.  Entre el 80 y 90%  de las muestras de sal analizadas contenía yodo dentro de los límites legales en aquel entonces (67-100 mg/kg).  Sin embargo, debido a  situaciones políticas y económicas especiales, los programas de yodación sufrieron interrupciones o estancamiento, lo cual se evidenció en los resultados de investigaciones epidemiológicas realizadas en el transcurso de los años siguientes. Catorce años después, en 1979, la prevalencia de bocio en la población escolar guatemalteca había aumentado a 11%, coincidiendo que solamente el 15% de la sal yodada tenía los niveles legales.

En Guatemala, la  zona en donde se concentraba casi el 90% de la producción de la sal del país, las salinas de Santa Rosa, se construyó el Puerto Quetzal a finales de los años setenta y se abandonó la producción de sal yodada.  Esto provocó que la prevalencia promedio de bocio en escolares de Guatemala aumentara a 20 % en 1987.  En seis de los 22 departamentos, la prevalencia fue mayor o igual a 25% y ningún departamento tuvo prevalencias menores a 10%.  La mediana de la excreción urinaria de yodo fue de 3.2 µg/dL a nivel nacional (la mediana debiera ser arriba de 10 µg/dL).

En 1991, el gobierno de Guatemala, con el apoyo del Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá (INCAP/OPS) y UNICEF, reinició el programa nacional de yodación a raíz de un taller realizado en Antigua, Guatemala y cuyo tema era "La utilización de la sal de consumo humano como vehículo de nutrientes esenciales para el hombre: flúor y yodo".  Esto sirvió para que, entre otras cosas, se identificara la necesidad de revisar la legislación vigente y fue así que, la nueva Ley General de Fortificación,  Enriquecimiento o Equiparación de Alimentos fue aprobada en 1992.  El Reglamento para la yodación de la sal se emitió en 1993, y se hizo efectivo en 1994.  Esta Ley estableció nuevos niveles de fortificación (30-100 mg/kg), así como la creación de una Comisión Nacional para velar por el cumplimiento de la ley y colaborar con el Ministerio de Salud Pública en la coordinación y supervisión de los programas de fortificación.

En enero de 2,004 se emitió un nuevo Reglamento para la fortificación de la sal con yodo y  flúor (Acuerdo Gubernativo 29-2004). La adición de flúor a la sal se contempla en un rango de concentración de 175-225 mg/kg , y de yodo de 20 a 60 mg/kg. El Reglamento trata de eliminar la comercialización y consumo de sal cruda, que es la mayoritaria actualmente en el país.  El Reglamento contempla que la sal para uso en la industria de alimentos debe estar yodada de acuerdo a la ley. Asimismo contempla los requerimientos de importación, comercialización, envase y etiquetado, define responsabilidades de los Ministerios, sanciones, autorización de los centros de fortificación entre otras consideraciones.

Referencias Bibliográficas

1. Chinchilla D, Dary O. Análisis de la situación de la yodación de la sal en Guatemala.
2. Monzón O. Estudio de fortificación de sal con yodo. Guatemala mayo 2,002.  IA 30672-2002
3. Situación de los programas de alimentos fortificados en Guatemala. Años 2000, 2001 y 2,002.
4. Mayrides J, Coronel L. Nacional Salt situation Análisis-Guatemala. 2,003
5. Anzueto CR.  Estudio técnico-económico realizado para la cooperativa agrícola integral San José la empalizada Sipacate. 2,004.

Fortificación de azúcar con vitamina A

La generación de evidencia sobre la deficiencia de micronutrientes en la región centroamericana evidenció que en la década de los sesenta (1965-67) la deficiencia de retinol (vitamina A), entre otras;  era un problema de salud pública en estos países. En ese momento en Guatemala el  26% de la población pre escolar presentó niveles de este micronutriente por debajo de los considerados normales (menos del 15% de la población por abajo de 20µg/dL). Ante esta situación el Dr. Guillermo Arroyave y otros colaboradores del INCAP con la contribución del sector productor de azúcar de Guatemala, desarrollaron el programa de fortificación de azúcar con vitamina A. El azúcar fue seleccionada por ser consumida por la población en general en cantidades apropiadas, y por ser producida en forma centralizada por un número reducido de ingenios azucareros, situación que sigue vigente. Esta práctica de añadir vitamina A al azúcar inicia en 1975 acompañada de un estudio de campo para verificar su efectividad biológica. En varias poblaciones rurales de Guatemala se mostró que el consumo de la azúcar fortificada incrementó en menos de seis meses los niveles de retinol plasmático, el retinol en la leche humana, y las reservas de retinol hepático en las personas sanas que habían muerto accidentalmente. Así nació un ejemplo notable de una intervención exitosa de la nutrición pública que ha sido modelo en el mundo. A través del tiempo se ha evidenciado el impacto positivo del programa; la encuesta de micronutrientes del año 1995 mostró que el 16% de la población escolar presentó niveles bajos de retinol, pero al desagregar esta información por edades se evidenció que el problema era evidente en los menores de 3 años. También como parte de esta evidencia se cita un estudio retrospectivo (1980-2000) de casos de xeroftalmia  por causas nutricionales (enfermedad de los ojos caracterizada por la sequedad de la conjuntiva y opacidad de la córnea, provocada por deficiencia de vitamina A) en el cual se vio la efectividad del programa de fortificación en combinación con la suplementación y los resultados evidenciaron la reducción de la xeroftalmia durante el tiempo estudiado Actualmente el programa funciona de forma eficiente y efectiva, se han mejorado los procesos de fortificación, actualmente realizándose principalmente en centros de empaque; se han desarrollado nuevos compuestos de fortificación y optimizado procesos. Durante el año 2008 el 91% del azúcar proveniente de hogares estaba adecuadamente fortificada con vitamina A; lo que indica que el azúcar como parte de la dieta de los guatemaltecos se constituye en una fuente importante de este micronutriente y el programa es considerado como exitoso. Es importante resaltar que con la mejora del estado nutricional los individuos aumentan su productividad, lo que contribuye a la reducción de la pobreza. Guatemala utiliza la fortificación de alimentos como una de las principales intervenciones para prevenir las consecuencias de deficiencias de micronutrientes.  



Fortificación de harinas de trigo con hierro, ácido fólico y otras vitaminas del complejo B

En Guatemala, como en otras regiones del mundo la deficiencia de hierro es uno de los mayores problemas de salud pública que afectan a la población en todos los ciclos de su vida; especialmente a los grupos más vulnerables, como lo son las mujeres en edad fértil, niños y niñas.  Esta situación se da particularmente en poblaciones en donde la dieta es a base de maíz, arroz, frijol y consumo bajo de productos de origen animal. La fortificación de la harina de trigo con hierro es una práctica que se ha extendido a través del mundo y se espera que continúe su expansión, como una de las estrategias para el combate de la deficiencia de hierro. La deficiencia de hierro afecta el nivel económico de los países ya que disminuye la capacidad productiva y aumenta los costos de cuidados en salud asociados a enfermedades en la niñez y muerte materna.  Por otro lado, existe evidencia del efecto protector que brinda el aumento de la ingesta de ácido fólico en la prevención de los Defectos del Tubo Neural (DTN) como lo son la espina bífida y anencefalia entre otros, por lo que la harina de trigo también se convierte en un buen vehículo para este micronutriente. La fortificación de alimentos ha sido una estrategia efectiva para hacer frente a la deficiencia de hierro, ácido fólico y otras vitaminas y minerales. El ácido fólico puede prevenir por arriba del 70% de algunos defectos del nacimiento, por lo que es importante que este micronutriente sea consumido, sobre todo por las mujeres en edad fértil.


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